Zapatos de todos los tipos

Bea y Juan era una yunta de treinteañeros, él treinta y cinco y ella 30, constantemente les había gustado el morbo y hacía ciclo que solían poner en práctica un juego y éste sábado no iba a ser menos, Bea una bonita mujer morena de aproximadamente metro y sesenta y cinco cms., de ojos negros, labios finos y boca grande, pechos generosos de pezones de corona pequeña color café, culo mediano con forma de cereza y pubis arregladito y unos zapatos de escandalo! iba a ser la principal actor del juego mientras que su pareja iba a auxiliar en él mismo en principio de forma pasiva y únicamente protegiéndola.

Eligieron una zapatería en la que sabían que a última ocasión solo quedaba un dependiente joven que era el agente de cerrar y que además una de las zonas en que esperaban los clientes no se veía desde la calle. La mujer eligió una falda de cuadros escoceses en tonos verdes bastante floja, abajo un tanga negro y una túnica blanca sin sujetador. Por sobre se colocó un abrigo y salieron a la bulevar dirigiéndose a la zapatería ( sitio ideal para comprar y rebuscar los zapatos que más me gustasen).

Entraron cuando vieron que ya no quedaba ningún cliente y que casi ya era la duración de cierre, se sentaron y le pidieron al dependiente unas botas altas para ella, el dependiente las trajo, varios modelos y ayudaba a la mujer a probárselas, ella cada vez que se ponía una se movía de igual forma que su tanga y su genitales el dependiente tenía que verlos cerca de por empleo porque se los ponía en la cara, Bea a cada momento se iba mojando más mientras su marido con la coartada de comprar rape salió un momento dejándolos solos, cosa que ella que era muy picara aprovechó para viendo que el dependiente ahora tenía un bulto formidable en los calzones ponerle la bota además como escaso querer pero con toda la empeño del mundo y guiñándole el ojo.

El dependiente ahora no se aguantó más y fue acariciando los muslos de ella y diciéndola que si su marido no estuviese la iba a enseñar lo que era follar, ella que estaba excitadísima se sorprendió de ver la reacción tan rápida de él y le comentó:

Si quieres cuando venga mi marido te diré a ver si en la zapatería hay aseos que tengo ganas de ir al balneario y tu con la excusa de enseñármelo vamos a la trastienda y lejos me demuestras que sabes hacer— le dijo Bea con una cara de vicio inverosímil.

De resolución, asimismo así cierro la portón y pongo el cartel de cerrado y así no hay celeridad pero tu marido sospechará—respondió él.

Tú tranquilo que de mi marido me ocupo yo.

Efectivamente en el momento que volvió Juan, ella le comentó a Jorge que así se llamaba el dependiente que no aguantaba más, si había servicios como el porno y él la acompañó. Conforme hubieron entrado en la cautela, el joven no aguantó más y la besó en la boca ardorosamente y la abrió la blusa de par en par dejando libres los pechos de ella mientras sus lenguas se abrazaban en un besuqueo largo y húmedo.

Mientras el marido que se imaginaba lo que estaba sucediendo miraba el clepsidra dándoles un duración para luego pasar y poder ver el espectáculo que estaban montando, Bea le quitaba la camiseta al dependiente y le dejaba el busto desnudo e iba bajando por él hasta los pezones dándole pequeños mordiscos en los mismos y con las manos aprovechar para soltarle el abrazadera y escaso a carente quitarle los bragas, fue descendiendo con la lengua por el medio y llegar a la liga de los boxers atrapándola con los labios y bajarlos ayudándose de las manos mientras con la lengua le daba un lamida en la chica que ahora estaba totalmente erecta con una gran dureza, la cogió con una mano observando tanto tenía una gota cristalina en la punta de la muchacha cogiendola con la boca y poniéndose de pies compartiéndola con su amante. Luego se volvió a venerar introduciendo los abultamiento del joven en su boca y acariciando con la mano la parte de por medio los testículos y el culo haciendo pequeños círculos en este último.

El dependiente la hizo tumbar boca arriba en el suelo y enteramente desnudo se puso sobre ella mordiéndola en el gollete suavemente con pequeños mordiscos que hacían que Bea se excitase aun más, luego fue bajando por el escote retirando la blusa del todo mientras ella retiraba la falda, cogió los pechos con la boca dándola pequeños besos y atrapando los pezones con los labios jugaba con ellos estremeciéndose la mujer y arqueando su espalda, la lengua pasaba por la tripa llegando al mitad y siguiendo su camino hasta el pubis cerrado como estaba por el tanga que de un meneo arrancó cogiendo y oliendo y aspirando los aromas de los fluidos de la mujer que tenía hipo, con la lengua y los labios con pequeños besos y lametones fue llegando al clítoris cogiendolo con la lengua mordisqueándole y con los corazón acariciando los labios vaginales y con todos esos líquidos que ella no paraba de soltar tanto si tuviera una fuente a través de sus piernas fue untando el culo.

Entonces sujetándose sobre los codos mientras la besaba ardorosamente la penetró en su bodega de una golpe certera que sacó de la boca de Bea un alargado suspiro de autentico placer en el momento que la chica de su joven amante rozaba su clítoris a cada movimiento de mete y costal, esto hacía que ella estuviera tanto flotando en una nube. En el tiempo que llevaban proporcionado años en ésta postura ella cogiendo las ancas de él le dio la vuelta comenzando a cabalgarle a modo una experta amazona manifestación a horcajadas sobre él y con su gallina clavada en su coño.

Los dos jadeaban de placer sobre todo ella, en un momento que él abrió los ojos pudo observar tal el marido estaba en un lado desnudo y con la moza en la mano acariciándosela, Jorge empuñaba los pechos de la mujer haciéndola botar sobre su moza, precedentemente de que pudiera decir carencia sobre la presencia del marido, Bea que había visto su expresión de sorpresa le tranquilizó dándole un dulce y cuco mimo y llamando con un gesto a su marido que se acercó arrodillándose tras de su mujer y echándola sutilmente hacia delante la puso la lengua entre sus posaderas lamiéndola el agujerito y follandoselo con la lengua mientras se lo acariciaba con la mano, Bea que actualmente había tenido su primer exaltación, apretando y relajando sus músculos vaginales contemblaban hacer alguna pelicula xxx intentaba aplazar el clímax del dependiente carente que su polla perdiera la gran dureza que tenía, su marido cuando la hubo lubrificar su culo puso la chica en él mientras ella paraba de botar sobre Jorge y empezó a penetrarla parando a cada fragmento que metía hasta que la tuvo toda dentro y entonces se fueron acompasando los dos amantes sobre los agujeros de ella, comenzando con una aceleración excesivo suave pero con penetraciones profundas.

Bea cada vez jadeaba más, ya aproximadamente estaba gritando y tuvo un lugarteniente exaltación que hizo que temblase y contrajese todos sus músculos aprovechando Juan y Jorge para sacárselas de dentro y poniéndose de pies hacerla que se metiese ambas pollas en la boca, primero las dos juntas pero luego sucesivamente comiéndoselas mientras mamaba una masturbaba la otra inclusive que ellos se corrieron sobre su cara, ella se limpió la cara y mamandosela de nuevo se las dejó bien limpias.

Se lavaron en los aseos y quedaron en rehacer semejante polvo otras veces.

Me encontraba empalada por una desmesurado polla enfundada en un precioso condón bermejo con aroma a manzana. íntegramente desnuda, salvo por mis bellos zapatos rojos, cuyo tacón era tan interminable a modo el miembro sobre el que me encontraba. porno gratis Hundía mis maravillosos tacones en el colchoneta y con aquella misma fuerza me impulsaba para montar a mi garañón. Reproductor, menuda palabrita…

Me penetraba con rabia, mientras él sostenía con una mano mi cuadril y con otra mi cabeza, no sé muy bien lo que pretendía hacer con aquello pues si encontraba algún apoyo en su cuerpo era en sus muslos y en sus rodillas, las cuales me acariciaban los zapatos como si me estuviera acariciando la espalda con cada nueva penetración.

Al descender hundía en mí su pene dura, enrojecida dentro el color claro del condón y las pequeñas punzadas de calvario al evitar correrse, cuando la tuve por completo dentro de mí cesantía en mis constantes sube y baja. Tenía frente a mí a mi amante, le mire a los ojos y escaso mediar palabra le coloque la tapa de uno de mis tacones en la cara.

Le refregué la parte inferior de aquella obra de arte por su cara, desde el pelo que le cubría la cabeza inclusive el pescuezo que se la sostenía. Lo hice con la mayor de las delicadezas, para posteriormente incrustárselo en la boca tanto si exteriormente un aplastamiento. Él saco tímidamente su lengua y dejo que yo moviera la suela sobre ella, sólo la movía de arriba debajo. Si con cada exaltación su cara era un cuadro, en aquel periquete parecía un mono peliculas x con síntoma de frugalidad. El sudor le corría a chorros por la cara, sobre sus ojos le brillaba y aproximadamente parecían lagrimas, de su boca se resbalaba la baba y a toda costas quería usar sus manos, poco que no le permití.

Introduje escaso a escaso la punta de mi zueco en el interior de su boca, con movimientos circulares la fui domesticando mientras él cerraba los ojos y lo disfrutaba, por momentos se volvía colorado. Le tirada la punta y él y hizo manera de cerrar la boca, se lo impedí con un mínimo pateo, él capto la insinuación, mejor para él. Sobre sus labios le corrí mi talón, arrastraba su piel con delicadeza y después se lo metí de un sólo golpe.

Yo jugaba a metérselo y sacárselo, todo de una vez y él lo chupaba, lo relamía con cada nueva acometida. Le pellizque un pezón y me miro a los ojos con mi tacón en la boca, estaba lleno de fuego, estaba agitado mucho más que yo.

Le impulso el tacón de la boca y yo me oriente sacándome su pene de mi coño. Chupe por última vez todo el condón de manzana y detrás darle un golpe en los testículos lo retire de aquel mástil.

No tarde mucho en alcanzar que se corriera adentro de mi boca, un par de lametazos, uno apretones con los labios y su caseína me lleno la boca, se deslizo por su chica y yo la busque con mi lengua, una vez que me lo trague todo y la deje bien limpia, me moví hacía mi amante. Le lamí la cara desde la barba inclusive la frente, con mis anular le abrí la boca peliculas porno y función seguido le escupí en ella. Un gargajo cortante, rápido y preciso.

Mi amante se tumbo íntegramente, yo puse mi coñito sobre su cara y le dejo hacer llevándome por el placer y el deseo. Me gustaba, como siempre, que investigaran por dentro mis agujeritos. No me incomodaba, si no al contrario, que una mano hurgara adentro de mí, que unos labios y una lengua fueran a refrescar aquellos interiores tan bien ventilados. Que continuara, que siguiera y no parara, era lo único en lo que podía pensar, tanto me gustaba que aproximadamente le había olvidado, a mi buen abnegado… En cuanto su chica comenzó a peligrar le arroje toda mi extremidad sobre su cuerpo, mi talón sobre su miembro, no llegue a pisarle, pero lo notó, su hopo se endureció y yo pude de nuevo dejarme llevar por la inverosímil creencia que era su lengua frotando incansablemente mi clítoris.

En todo lo que note que me corría me saliente. Mi amante me busco con su lengua e irguiendo su pescuezo, pero yo no me fui allá, caí sobre su pecho y colocando mis tacones sobre sus orejas, acariciándolas y dándole pequeños golpecitos me masturbe, sobre su pecho, en toda su cara, alcance el clímax antílope sus narices, por mí misma… hubiera desembolsado por ver mi cara en aquel momento.

Me oriente de la cama y él se sentó en el corte del colchoneta. En aquel momento y teniéndolo a golpe de roca, no pude resistir mis instintos y pise su moza, hoy flácida, la cual colgaba alegremente sobre sus testículos. No lo hice fuerte, pero si con la suficiente presión tal para que él sonriera, se la restregaba y hoy notaba tanto comenzaba a crecer, le di una pequeña patadita, lo suficiente para enderezarla y tener sus cojones a la vista. Aquellos globitos recubiertos con piel, esos si que se los pise a conciencia, mientras él sacaba su lengua llamándome a gritos silenciosos.

Tire a mi amante al suelo, cayó tal los gatos, a cuatro patas y yo, desamparado de mí, le pise la espalda para poder salvarlo a modo freno. Colocándome frente a él, le baje la cabeza con una indicación echa con el pie. Orante como estaba me lamió el pie mientras yo tomaba fingimiento.

Adelantaba un pie, mientras con mirada de superioridad esperaba a que actuara. Tanto un suplicante, se lanzó sobre él y me estropeaba el borceguí con su lengua, me llenaba el maléolo de babas e intentaba mantener hacía arriba.

Al quedar más que satisfecha, mi voracidad me impedía hacer más. Me vestí y arrastrando por los suelos a un hombre exasperado y deseoso me marche a modo pude. No soportaba más verlo tirado, disfrutando mientras yo ya comenzaba a aburrirme. Sólo me quede con ganas de perforarle el culo con el tacón de mis maravillosos zapatos rojos.

Dulce estaba quieto, alicaído y aguantado varias bolsas de tiendas de traje femenina en cada mano detrás de Afrodita, la cual llevaba diverso minutos frente a un escaparate observando interesada y presumida los artículos de la lujosa zapatería.

Hoy no había tenido piedad frente a su hombre a la duración de emperifollar: Llevaba una camisola oscura de manga corta ceñida a una sensual figura y unos zaragüelles blancos finos y ajustados que descifraba a cuantos ojos tuviesen el valor de mirar parte del ley de su ropa interior. Asimismo llevaba puestas unas cómodas manoletinas que dejaban importante parte de unos pies que su amado obediente no dejaba de mirar de reojo ávido de ellos. Era frecuente puesto que no le había consentido adorarlos durante toda la semana.

El hombre pudo ver cómo falto dirigirse a él su Princesa había decidido entrar en el establecimiento lo cual hizo que éste fuese a la zaga con varias de las bolsas tapando la parte delantera de su pantalón. Actualmente ella no le había permitido usar calzón y le había hecho ponerse unos calzas ajustadísimos. Presentía que esa tarde iba a ser terriblemente humillante.

– ¿A qué esperas para dejar las bolsas en las consignas? ¿Hay que decir todo o qué? – le dijo Afrodita con un tono bajo a la vez de altivo.

– Lo siento Señora, enseguida vuelvo.

Dulce obedeció. La zapatería le pareció enorme y mientras volvía observó a la mujer más maravillosa que había conocido. En esos momentos estaba hablando con una de las jóvenes y elegantes dependientas e instantes posteriormente se había sentado en uno de los comodísimos bancos esperando seguramente a que le trajesen lo que había encargo. Al llegar junto a ella éste la miró con desconcierto y apego e hizo ademán de sentarse junto a ella.

– De eso ausencia -le espetó sonriente-. Tú no vas a comprar ausencia así que de pie todo el rato.

Al cabo de varios minutos la dependienta volvió con una caja de zapatos y se dirigió a la sensual mujer.

– Aquende tiene la talla 38. Si no está chiffonier con ella dígamelo y le traeré otra. No puedo atenderla más detenidamente porque es fin de semana y nos damos a extendido. Lo siento de afirmación.

– No pasa nada, lo comprendo.

La dependienta le entregó la caja y se fue algo apresurada hacía una mujer poco mayor que estaba esperando apasionado a que la atendiesen. Afrodita abrió el tarjeta y su chico pudo ver atónito tanto en su interior descansaban dos zapatos amarillos de talón que a simple vista parecían carísimos. Los sacó de su prisión y los tocó curiosa con los índice para familiarizarme con ellos. Le encantaba empezar prenda y zapatos y su facciones lo reflejaba. A empalme dirigió una mirada perversa a su chico, el cual a duras penas disimulaba su impaciencia. Seguidamente se quitó una de las manoletinas y tensó su pie de forma sensual moviendo después pausadamente los anular sabiendo que su chico los estaba mirando aproximadamente babeando.

– Con la galbana que me da ponerme los zapatos. Ojalá hubiese alguien que se ofreciese a ponérmelos.

Afrodita sabía que comentarios de ese modelo ponían a cien a su humilde y ese era su propósito.

– Yo…, yo… me ofrezco mi Reina. Eres lo más importante en mi vida. Nací para ti. Por favor –respondió atropelladamente Dulce, que cada vez estaba más encolerizado y delicado.

– He dicho alguien, no pellizco.

Afrodita empezó a reír al ver la cara que se le había quedado a su tuso al escuchar su réplica y se probó el zapato gamuza la mirada del pobre hombre, que observaba atentamente. La mujer se estaba divirtiendo más que un crío en un campo de atracciones y advirtió que su chico tenía las manos delante de su pantalón para disimular su ardor. En seguida se imaginó que no debía ser una situación chiffonier para él luego el establecimiento estaba repleto de gente.

– Me siento cómoda con ellos puestos. Me los llevo- dijo sin mirarle-. Por cierto, que sea la última vez que veo que te tapas el pantalón.

Afrodita caminaba orgullosa y altiva mientras veía con su chico pasaba una gran vergüenza al sentirse observado por varias mujeres las cuales sonreían tímidamente al ver su pronunciado falo. La mujer se dio cuenta de que había una larga cola inclusive el tabla.

– Hoy conoces lo que me cansa esperar. Me voy a casa que me apetece descansar. No tardes que me tienes que preparar la cena- le dijo de forma que la escucharan un par de chicas de apenas diecisiete años que esperaban juntas su ciclo y que se quedaron sorprendidas y boquiabiertas al escuchar sus palabras. A prórroga, Afrodita se aproximó al audición de su amoroso lacayo y le susurró-. Por cierto, ¿te he dicho alguna vez que si fueses una esponja me enjabonaría contigo mientras horas?

Ese exégesis acabó siendo más que ofensivo.

La espera se le hizo eterna al bajo Dulce, que deseó con todas sus fuerzas que la firme le tragase. Durante el duración que tuvo que esperar tuvo que soportar la presencia de decenas de miradas, en particular la de las dos adolescentes, que no pararon de observarle carente alcanzar dejar de llorar de la sonrisa. Quizá no volverían a ver pellizco similar.

Instantes después Afrodita recibió un mensaje en el móvil mientras se relajaba tumbada en el canapé. Al leerlo un contracción le recorrió la espina dorso:

“No sé de qué estarás hecha pero hagas lo que hagas te quiero y te deseo el doble. Espero ardoroso llegar a casa para prepararte la colación, mi Diosa. Tuyo”.

Hace mucho no escribo, pero esta historia tengo que contarla:…

Estaba en una presentación de unas amigas de la cátedra. Ellas estaban entrenando en el local de la claustro. En el lugar solo habían conocidos, no muchos.

La ente es que fui al water y el de las chicas no lo encontraba por ningún lugar así que, en seguida de dar muchas vueltas, encontré el de los chicos. En medio de en el momento que no había ninguna persona y pude salir de mi problema. En el tiempo que estaba en el espejo mirándome y lavándome entro un hombre y cierra la abertura. Me quede paralizada mirándolo por el espejo, el tipo además se lento quieto mirándome. Esa porvenir tenía una túnica de tiras negra, una faldita gris a media extremidad, sandalias y el cabello suelto. El hombre parecía ser un criado, llevaba un overol azulete abierto en el frente.

El arquetipo me miro de bajo arriba lascivamente y yo me quede quietita. Me pregunto que estaba haciendo en aquel lugar y yo solo lo miraba. El carácter se acerco demás corto y se suave mirando mis piernas. Y me volvió a demandar que que estaba haciendo allá. De nuevo solo lo miraba. Se acerco más y se puso por poco posterior de mí. Que buscas próximamente putita con ese culito en ampolla, me dijo. Yo baje la mirada y el me ejemplar de la talle apretándome. Yo me agite. Empezó a tocar mis piernas con una mano mientras con la otra me agarraba la talle. Te gusta esto perrita? a eso viniste?

Estaba agitada y asustada y no se porque no podía gritar ni hacer nada. El hombre viendo la situación me dijo que me quedara quieta. Y cachondo del cuarto. Fue a ver si había alguien y entro de nuevo. Me volumen de la cintura me giro y me contacto a la fuerza. Yo solo abrí la boca, el patrón me metió mano sobre mis tetas y sobre mis piernas. Volvió a dejarme y salió. Entro de nuevo y me libro de la mano y me saco. Vamos a ajeno lado me dijo y me arrastro de la mano. Me llevo a una salida contigua al aseo y la abrió con sus llaves. Allende entramos era un cuarto pequeño algo caótico, con una cama al fondo y muchos materiales de aseo. Me llevo hasta la catre, un hamaca viejo de viga. Me tiro entonces y caí sentada. Ya si me vas a decir que es lo que quieres aquende. Me pregunto. El estaba de pie y solo me miraba de forma lasciva. Yo abrí la boca y le joya que solo estaba viendo a mis amigas y quería ir al wáter.

El se rio y me pregunto que si era solo eso que estaba haciendo en ese cuarto manifestación en esa catre. Yo me quede aterrada, tenía razón jamás me había obligado a llegar a lejos y no había abierto la boca para nada. Entonces trate de levantarme. Me quede frente al modelo que me miro la boca y me volvió a consultar. Que estás haciendo aquí putita. Baje la mirada y trate de salir de allá pero él lo evitaba. Me ejemplar una de mis manos y las poso sobre su pantalón y wow. Sentí un ene abundante y re duro. Me quede quietita con lo que sentí. El se sonrió y empezó a moverme la mano sobre su pene. En seguida de unos segundos actualmente el no tenia que moverla, lo hacía yo misma. Me empezó a hablar:

Yo he visto todo el rato putita, en en que estas? a lance en el Caribe? mira el temperatura y te venís vestida así? a buscar el abaño? vos quieres otra entidad cortesana y yo te la voy a dar. Todas las pibas van en pantalón y jersey y vos así, en esas sandalias y esa minifalda… yo estaba atrapada por lo que escuchaba, mientras me hablaba el modelo se iba quitando el overol. Se lo quito todo y estaba desnudo frente a mi solo con su interior que parecía reventar. Me volvió a empujar y caí sobre la cama. Se saco el interior y veo descolgar un miembro largo, grueso y repleto de venas, parecía hecho en mármol.

Yo te voy a dar lo que estas buscando. Por ya vas a tener carne en esa boquita de puta. Abre la boca. Y lo hice la abrí. El avanzo y me la hizo meter hasta en donde pudo. Empezó a follarme la boca y me dijo que se la mamara. Entonces empecé a hacerlo. Se la empecé a mamar tal se hacerlo, con la boca abierta grande, segregando mucha saliva pasara que se resbale mucho, sacándola hasta exterior y metiéndola de nuevo, perpetuamente un poco mas cada vez.

El estaba en la gloria, gemía y me decía que era la mejor succión de toda su vida, que eternamente había estimado que una universitaria se la mamara. Lo miraba mientras se la chupaba y le sonreía, me gusto esa verga fuerte en mi boca. La tome con mi mano del glande y se lo masturbe mientras le lamia los huevos. Me los metí a la boca, con la lengua lo recorrí desde la base de los abultamiento hasta el bálano que volví a comerme completo. El hombre me dijo que parar que se iba a venir, que no iba a aguantar. Yo seguí mamando. El parecía quiere venirse a toda costas, no evitaba que me detuviera, al contrario estaba como en apuro. En el tiempo que empecé a sentir el líquido pre seminal y las contracciones de eminente eyección, me detuve de improviso. El ejemplo me miraba desde arriba con una cara inconcebible. Yo me sonreí. Lo acometividad un escaso y él se hizo para atrás. Me este frente a él, me amago la camisa y el sostén. Los tire por lejos. El me miraba cerca de babeando y se tocaba el miembro que parecía iba a reventar. Hice el gesto de quitarme la falda y el ejemplo me dijo que no me la quitara, yo lo mire y le sonreí ligeramente, el arquetipo se agacho y metió sus manos por los lados de mis muslos, entro a la falda y empezó a bajar despaciosamente mi tanga blanco. Lo bajo y lo saco de mis piernas. Así arrodillado volvió a ascender sus manos por mis piernas y me toco las pompis me quita los zapatos, una mano se suave allende la otra, a través de la falda se resto en el interior de mis muslos, uno de sus extremo empezó a jugar con mi cubierta hasta tocarla superficialmente. Yo tenía los ojos cerrados y gemía, el aprovechaba hoy el espacio y me tenía en un punto alto. Empezó a introducir su anular en mi cubierta y su mano en mis nalgas me sobaba, pero esa misma mano empezó a bajar y a abrirse camino en mi culo. No lo introdujo pero me presionaba el culo. Hoy estaba metiendo su dedo en mi carey en el tiempo que levanto la falda plenamente y me abrió las piernas.

Me hizo poner una de mis piernas sobre su espalda y con su lengua me llego a la caparazón. Empezó a darme lengua tal ningún hombre lo ha hecho nunca. Cerca de no podía sostenerme en el aire del goce que estaba sintiendo. Todo me daba vueltas. Su lengua me tocaba justo donde necesitaba y entonces explote en un clímax tal jamás. Caí sobre la piltra abrazándome, gimiendo y sudando cumplidamente. Luego abrí los ojos y estaba en aquel lugar el carácter de pie, con la verga más grande que nunca y aterrado de parásito así. Yo le sonreí de nuevo y me este un disminuido. Apoye mi cuerpo sobre mis brazos y abrí mis piernas invitándolo a que me penetrara.

El carácter me miro los pies y vio que una de mis sandalias se había caído, la ejemplar y la calzo sobre mi pie. Le gustaba que tuviera los zapatos puestos. Entonces avanzo sobre mí, se total, ejemplar su bálano y lo guio hacia la carey, lo puso en la entrada y presiono. Yo note como me iba a hacer daño y abrí las piernas un escaso más, el avanzo pero no entraba y me queje. Me acento caer en la hamaca y con mis manos abrí los labios de mi coraza, así el tipo avanzo y fue entrando su verga adentro. Sentía tanto avanzaba un tronco descomunal. Un glande súper duro. En el tiempo que entro la primera vez lo saco y de nuevo volvió a entrar, lo hizo varias veces hasta que todo estaba engrasar para ese glande. Entonces empezó a meter y sacar su verga de mi protección. Yo no paraba de gemir y el de bufar de placer. Me decía que jamás se había imaginado hallarse así con una nena a modo yo, pero si sabía que todas las universitarias de en aquel lugar eran bastante putas.

Se levanto y me tomo de las dos piernas que puso en sus hombros y así me penetraba más fuerte, le encantaba ver mis pies con las sandalias. Luego lo saco y me dijo que se lo mamara de nuevo. El orante y yo en cuatro empecé a mamarlo de nuevo. Posteriormente de un rato, me volumen de la cintura y me hizo doblar el culo para ponerme en cuatro para él. Con sus piernas abrió las mías un escaso y colocación su bálano en mi caparazón y entro. ahorita me tomaba de la falda tal si fueran una riendas, ya si sentía a modo su verga me llegaba a en el cual ninguno me había llegado, no paraba de penetrarme fuertísimo, y no hacía más que sostener las embestidas y poco más o menos no podía aguantar, me dejo caer sobre las almohadas, así mi culo estaba más alto, a él le gustaba y no paraba de decirme que era una placer, que solitaria la coraza más rica que se había comido, entonces empecé a sentir tanto me presionaba el culo con uno de sus corazón, hoy por poco no podía hacer nada solo sentir, mis gemidos y a veces gritos no dejaban nulidad mas en mi cuerpo.

El ejemplo se detuvo un momento y saco su verga de mi protección, yo reaccione y me volví a apoyar en mis manos, entonces sentí como su lengua me penetraba el recto. haaaaa esa evocación increíble. Esa lengua me penetraba y nunca había sentido aquello, yo gemía de satisfacción, un dedo empezó a meterse en mi concha y tenía esa doble penetración que no aguante y volví a caer en un culminación único. Entonces ya sentía a modo su gordo abrogar entraba en mi culo, te gusta? me preguntaba y yo le decía que si pero en brete, hoy en día vas a saber lo que es bueno reputa. Saco el índice y sentí que era su verga la que estaba por entrar en mi culo. Me ejemplar de la espalda e hizo que apoyara mi rostro en las almohadas, así me levanto mas el culo, apoyo su glande en el recto y empezó a empujar. Yo gemía y luego empecé a gritar a sentir tal esa verga de mármol entraba. Iba penetrando, la cabeza, el tronco, el tronco, las venas irrigadas de sangre y el tope. wow lo tenía adentro todo en el culo. Espero uno segundos y empezó a bombear. Entraba y salía. De nuevo la cabeza, el tronco y el tope, para volver a aparecer. Se dedico a encularme heterogéneo minutos de esa forma: yo con la cara sobre las almohadas y el apoyado en mi espalda. solo escuchaba como estaba de excitado, no hacía más que alabar lo que sentía en mi culo, me decía sandeces pero no me importaba, lo que yo sentía era increíble pero sobre todo me excitaba saber lo descentrado que estaba este desconocido que me estaba partiendo el culo.

Entre mis divagaciones y mis gemidos el tipo me dijo que me levantara, saco su verga de mi culo y se acostó el. Ahora quería que me montara sobre su bálano. Así lo hice, siempre me decía que no me sacara los zapatos, entonces ahorita el estaba dormido con la verga al techo y yo, de espaladas a él, me senté sobre sus verga, intente que afuera por la caparazón pero el me dijo que por el culo. Entonces lo hice. Volvió a entrar por mi culito y subía y bajaba. El me hico apoyar las manos sobre su pecho así yo podía alzar y bajar, pero el mismo avanzaba desde debajo, yo trataba de no sentirlo entero, entonces él me quito el apoyo de las manos y caí sobre su pecho, me hizo levantar alto las piernas y el avanzaba desde bajo y profundo. No atine más que a abrir más mi culo con las manos y el ahora me penetraba de forma normal. Me había abierto el culo tal ninguno.

Después de un rato me bajo y me puso a su lado, tanto en cucharita y así me penetro mas el culo. Tuve diverso orgasmos en esa gesto. El no dejaba de verme los zapatos en mis pies y me decía que le gustaban mis pies así, tal se movían mientras me penetraba el culo. De inesperadamente él se quito y me dijo que quería venirse que ya no aguantaba. Se levanto, se puso de pie frente a la litera y me hizo señas para que lo mamara, me senté en la yacija y tome su verga. Pensé que acababa de sacarla de mi culo pero seguí siendo majestuosa así de erguida que simplemente abrí al boca y me la trague.

Volví a mamársela a modo sabia y el a gimotear se la mame un minutos en el momento que él me dice que se viene, que abra la boca. Entonces abro la boca y él se hace a un lado yo lo masturbo y el empieza a emanar chorros de simiente, detengo la masturbación pero él la continua y apunta su verga a mi boca, pero sus chorros de secreción me van dando en la cara, en los ojos, en las mejillas, en mis labios y alguien que diferente adentro de mi boca. El tipo se viene de una forma descomunal.

Después de salir su última gota me pide que se lo lama una última vez y así lo hago se lo dejo limpito, falto una gota de nadie. El me pasa una toalla y me limpio la cara. Me dice que es el mejor sexualidad que ha tenido en su vida exento tener que compensar ausencia. Yo no lo digo nadie, solo sonrió. Le pido el water para lavarme la cara y él me dice que está al fondo, voy y me lavo el rostro, salgo y el arquetipo esta sobre la piltra desnudo y con la verga de nuevo arriba. El me dice que me quede n periquete más pero yo lo niego con la cabeza. Me demanda si le dirá a alguien lo que paso, yo le respondo que no se preocupe, que nadie lo va a saber. El se para y se pone frente a mí, no dejo de ver esa verga parada. me dice que si alguna vez vuelve a ir al pabellón y no olvide eternamente en traer ropa que se pueda quitar de forma rápida a excepción de los zapatos. Se sonríe, entonces me voy de allá.

Volví a ver el ensayo de mis amigas y posteriormente regrese a clases de forma acostumbrado.

He estado lejos en ese lugar dos veces más, hoy en día mismo mientras escribo este correo en el café web de la facultad me aseguro que la falda larga que tengo, no le acento ver a la gente que no llevo interiores, que mi túnica de chico no deja ver mis pezones erguidos y desprovisto sostén y sobre todo que estas botas negras altas que compre ayer van a ser del disfrute del patrón del aseo de los gimnasios de la universidad.

En la plaza mercante, llena de gente en aquella tarde de sábado, la impertinencia belleza de Roxana no podía pasar desapercibida. Rubia y bonita, con treinta años muy bien vividos, ella sabía todo lo imperioso para acarrear evocación en que quiera que se apareciese. A su lado, José disfrutaba la asombro que su mujer causaba en todos los hombres, e incluso en algunas mujeres incluso. A diferencia de otros, José animaba a su esposa a lucir su belleza en todo momento, usando breves minifaldas que dejaban mostrar sus piernas espectaculares, atrevidos escotes que permitían vislumbrar sus suculentos y redondos senos, y por supuesto el maquillaje y el adorno que realzaran el bruñido color de su piel y sus rasgos finos y sensuales. La boca continuamente perfectamente delineada con afeite rojo y el avanzar curvo y musical de sus caderas hacían de ella algo digno de contemplar..

José caminaba a su lado, orgulloso y celoso al mismo duración. Alto y forzudo, la tomaba por la cintura, dejando resbalar la mano levemente por su cuadril, seducido por su colonia y su femenina presencia.

Frente a la zapatería, Roxana admiró su reflejo en el escaparate y el variado surtido de calzado. Sus preferidos, y los de José por supuesto, eran aquellos de tacones altos que hacían lucir sus esbeltas pantorrillas. Le gustaron unos de raso negro, y decidida entró en la tienda, seguida de José. El dependiente se acercó solícito, igual vez con mayor premura a la habitual, estimulado mas por la finura de Roxana que por la posible comisión de una venta.

José la dejó explicar lo que deseaba, deambulando por la zapatería, dejándola sola con el dependiente, observando atentamente y disfrutando de ver a su guapa mujer en acción. Aquel juego lo habían llevado a cabo precedentemente, no era la primera vez, y José sintió la presión genital bajar de su aguante hasta los huevos y con las manos dentro de los bolsillos de los pantalones se acomodó la verga disimuladamente, porque el grueso bulto comenzaba hoy a ser inmoderado notorio os imaginais unos zapatos con bolsillo? pues era algo similar a lo que estoy diciendo…

Roxana no necesitaba mirar a su marido para saber lo que éste estaba sintiendo. Lo conocía inmoderado bien, y mejor se preocupó por explicarle al comerciante, joven y apuesto, los zapatos que deseaba probarse. El vendedor tomó nota distraídamente, más pendiente del dilatado escote y los coquetos movimientos de la hermosa clienta, que del malvado zapato que quería comprar.

Roxana tomó asiento inclusive que el feriante volvió con la caja de zapatos. La minifalda mostró sus muslos firmes al sentarse, igual y tanto ella esperaba, y la mirada del corredor trepó por sus piernas sin poder evitarlo. Llevaba unas medias tan finas que casi parecían una segunda piel. Las aleación blancas de encaje que las sostenían asomaron levemente por el arista de la diminuta falda. Roxana estiró el pie, zapato con sandalias abiertas que dejaban brotar sus uñas cuidadosamente pintadas de colorado. El feriante le quitó la alpargata, acariciando de paso el fino maléolo y le calzó la pantufla de raso. Las piernas se separaron levemente, y como un imán, la mirada del vendedor viajó hacia la bragadura. Para su admiración, descubrió que la bella mujer no llevaba ropa interior. La jadeo del joven poco más o menos se paralizó. El rubio presunción de su pubis y unos segundos de momentáneo visión de su sexo hicieron que el vendedor aproximadamente perdiera el equilibrio.

A escasos metros, José trató de acomodarse la dolorosa erección que le producía ver a su mujer mostrar la intimidad de su cuerpo frente a aquel desconocido. Descentrado, continuó fingiendo mirar los escaparates, dejando que Roxana siguiera adelante con el juego.

Ella estiraba hoy el tercero pie, que con fingida impericia fue a parar a la bragadura del comerciante. El grueso bulto en sus calzas era una señal inequívoca del grado de impaciencia que ella había provocado. Provocadora, deslizó el pie desnudo por el protuberante sexo. El feriante, nervioso miró hacia adonde estaba José, que fingió no darse cuenta mirando atento los zapatos tenis.

El comerciante le calzó el escarpín, acercando el faz a las ahorita más separadas piernas de Roxana. Esta vez pudo ver con todo detalle los labios de su matriz, apenas entreabiertos, rosados y apretados. Con mano temblorosa acarició sus piernas, subiendo desde las pantorrillas hasta las lisas rodillas y los tersos muslos, que se separaron un exiguo más al sentir la proximidad de sus extremo. La mano entró en la oscura guarida de su falda, inclusive sentir en sus trémulos y nerviosos dedos, la sedosa mata de vellos. Roxana emitió un callado lamento, que José alcanzó a escuchar y casi volvió loco de deseo, igual que al feriante, cada vez más nervioso.

Ella apretó las piernas, aprisionando los corazón adentro de su sexualidad ávido, calado ya, respirando trabajosamente.

Es tu marido? – preguntó él en un débil susurro señalando a José disimuladamente.

Si, – contesto Roxana incluso con los ojos cerrados pendiente del contacto de aquellos anular.

Nos descubrirá en cualquier momento – dijo él falto perder de vista a José.

No te preocupes – le tranquilizó ella – no creo que se dé cuenta.

El corredor le metió un gordo mas en la matriz, deslizándolos adentro con facilidad.

Vamos dentro – le pidió él – atrás hay un barracón. Allá nadie nos molestará.

Roxana lo miró con aquellos ojos aproximadamente verdes. Los labios entreabiertos, resolutivamente excitada.

Amor – dijo dirigiéndose a José – actualmente vuelvo, voy al comercio a probarme unos zapatos – le informó.

José por supuesto asintió escaso hacer ningún ilustración, y los vio internarse en la dependencia. Roxana hermosa en aquellos zapatos negros de taco alto que estilizaban su figura, con la falda tan subida que por poco podía vérsele la traje interior y el corredor cerca de doblado, tratando de disimular la saliente erección que le abultaba el frente de sus calzas. Apenas entraron, José corrió a la entrada de la rebotica, para espiarlos.

El feriante estaba besando a Roxana, arrinconándola contra los anaqueles repletos de cajas. Le apachurraba los pechos con tanta descortesía que ahora poco más o menos se salían de la exiguo túnica que los cubría. Roxana no usaba sostén y con las burdas caricias, sus blancos y redondos senos quedaron pronto descubiertos. El corredor se prendió de uno de sus pezones, mientras ella diligentemente le desabrochaba la engranaje de sus calzones y dejaba libre su verga. José miró estático la gruesa estaca que su mujer acariciaba y Roxana tuvo el descaro de mirar a su marido fijamente mientras se hincaba y se la metía en la boca. José sabia lo rico que mamaba la verga su amante mujer, y ambicioso la vio comerse el grueso y alterado pitillo del muchacho.

Vamos – le urgía él – déjame metértela.

Roxana se puso de pie, y él le subió la pequeña falda, dejando prácticamente desnuda a Roxana de la talle para debajo. La visión de sus muslos cubiertos por el liguero y la desnudez de su sexo hicieron que ambos hombres suspiraran de deseo casi al espontáneo. Escaso mayores preámbulos, el dependiente le aproximó la verga y se la encasquetó con un solo movimiento. Roxana suspiró de placer al sentir tanto le entraba el duro pedazo de pulpa.

Muévete, papi – le animó ella.

Aquella era la señal convenida y José gritó desde fuera.

Roxana, dónde estas?, hoy me cansé de esperarte.

Ella se apresuró a quitarse al patrón de además y rehacer sus ropas, mientras el frustrado corredor se subía atropelladamente el cierre.

Dime en que puedo buscarte – rogó el muchacho viéndola actualmente lista para partir. Ella le anotó un número telefónico.

Llámame mas tarde – le indicó – mi marido se furia a esforzarse y no volverá hasta porvenir.

Roxana salió, más bella que jamás atrás del cobertizo. José la esperaba, y la besó vehementemente, metiéndole la lengua adentro de la boca, buscando el aroma de la verga que ella había borracho poco antes y disfrutando del turbio placer de saberla tan cortesana.

Vamos – le dijo – me urge llegar a casa.

En el camino, ella le describió con aparato de detalles todo lo que había sentido. Le contó que los corazón del feriante cerca de le habían provocado un espasmo y que solitaria la matriz mojada todavía. En uno de los altos, mientras esperaban que la luz se pusiera verde, José le metió la mano en medio de las piernas y comprobó que todo lo que ella decía era cierto. Su erotismo estaba empapado, y José se lamió los índice empapados en sus jugos. Otra vez imaginó encontrar el aroma de aquella dura borrachera, y impaciente se acarició su propia verga.

Eres tan fulana – le dijo a Roxana.

Y a ti te encanta – contestó ella, estirándose sobre el asiento, separando las piernas para que él tuviera una visión completa de su sexualidad abierto y bañado.

Excitado, José aceleró tratando de llegar cuanto antes. Ausencia mas entrar en la casa, la despojó de su camisa, mordiéndole los duros y erectos pezones. Roxana se debatía de placer mientras él continuaba desnudándola. José se quitó la traje al mismo edad. Tenia un cuerpo recio y excesivo trabajado, pues su profesión a modo mecánico le había hecho desarrollar un físico magnífico, que aunado a su elevada altura hacían de él un macho fastuoso.

Roxana caminó desnuda hasta el dormitorio, meneando sus redondas nalgas, provocándolo mas todavía. José corrió tras de ella, con su vigorosa erección rebotando entre sus piernas. La alcanzó primeramente de llegar a la cama, y la abrazó desde atrás, aprisionando sus pechos a través de sus duras y callosas manos de mecánico.

Eres un bruto – se quejó ella – adolorida por sus rudas caricias.

Y tú eres una pequeña putita – contestó él carente dejar de presionarle los senos con estulticia.

La aventó sobre la hamaca, obligándola a abrir sus piernas. Ella, provocadora y sensual, trató de escapar para volverle loco de deseo, y él la sostuvo por uno de sus tobillos. Roxana lento entonces a gatas, con las piernas separadas, mostrando su cola tanto una gata en celo. El enterró el facciones de por medio las masas de sus glúteos, lamiendo todo lo que estaba a su alcance, su vulva, sus nalgas y su ano.

Ambos gemían ahora apasionados. El la montó desde atrás y le metió la verga decidido. Roxana aguantó el agresión, pidiendo más. El no la defraudó, cogiéndosela con fuerza mientras la sostenía por su fina cintura. El goce de los cuerpos fue rápido pero tremendamente gratificante. En cuestión de pocos minutos José resoplaba y se vaciaba adentro de ella.

José le sonrió a su mujer. Roxana era inconcebible y él la amaba únicamente por eso. La jaló hacia sus brazos y la besó, y así abrazados tomaron juntos una agraciado siesta. El alboroto del teléfono les despertó unas horas posteriormente. La tarde ahora había caído, y por la abertura la tinieblas aparecía cargada de promesas. Roxana contestó, sabiendo que se trataba del apuesto expendedor de zapatos.

No – la escuchó contestar José – mi marido aunque no se marcha, pero lo hará dentro de media instante. Te espero – dijo vanidosa y le indicó la dirección de la casa.

Roxana saltó al lecho, no obstante desnuda y terriblemente hermosa. Besó a José en los labios.

Tenemos media oportunidad anteriormente de que llegue – le informó y José se sintió furioso ante lo que se avecinaba.

Se bañaron juntos, frotándose la espalda mutuamente. José le lavó el sexualidad, poniendo diferente cuidado en limpiar su vagina a conciencia. Roxana se dejó mimar por sus cuidados, comenzando a enardecer con las delicadas caricias mientras le sacaba esos zapatos viejos y antiguos..

Te cogerá por el culo? – preguntó José sin poderse contener.

Eso lo sabrás en el momento que suceda – fue su disculpa sentencia.

Esas palabras lograron en José el efecto esperado. Su gruesa verga se irguió carente necesidad de ninguna lisonja. La espera comenzó a hacérsele inadmisible.

Puntual, Martín apareció a la instante pactada. Lo primero que preguntó en el tiempo que Roxana le abrió la entrada era si el alto y fuerte marido ya se había marchado al trabajo. Ella lo tranquilizó, invitándolo a pasar. Se veía hermosa, con un ligero ajuar áureo, delgado como un papel y nulidad debajo. José mismo le había avisado ponerse aquella ropaje, sabedor de que cualquiera hombre se sentiría alterado con solo mirarla.

Conforme a lo calculado, Roxana le invitó una copa de caldo helado y prontamente lo llevó hacia la recamara, en el cual una cortes debidamente oculta permitiría a José, en la habitación contigua, mirar todo lo que sucediera. Para probar el articulación, José hizo un acercamiento con el poderoso teleobjetivo de la cilla, y captó el apasionado mimo con que Roxana recibía a su nuevo amante. Sus lenguas trenzadas y sus cuerpos pegados le hicieron asimismo temblar de anticipo, con una mezcla de extraños sentimientos de placer y achares, de morbosa curiosidad y rabia contenida.

Martín se tardó apenas un minuto en quitarle a Roxana el breve traje cobrizo. Ella, plenamente desnuda, se tomó mas espacio para desvestirlo a él. José hizo un nuevo aproximación, esta vez al abultado bulto que se ocultaba en los ajustados calzoncillos de Martín. Sentía una individual curiosidad por mirar los miembros masculinos que se cogerían a la cortesana de su mujer. El muchacho no lo defraudó. Tenía una inconcebible y gruesa bastón, coronada por una espesa mata de bozo oscuro y un par de gordos y pesados chichón. José se acarició los suyos, sintiendo un corto de envidia gamuza el sabroso gajo de sensualidad que penetraria el cuerpo de su mujer. Carente pensarlo, se desnudó y comenzó a masturbarse al ver como Roxana acariciaba la verga de Martín, que tardó asaz corto en tenderse en la piltra, la misma en la que apenas minutos hiciera el cariño con su costilla. Ese detalle le excitó y le enojó al mismo tiempo.

Roxana comenzó a lamer la verga de Martín. El muchacho estaba boca arriba, con los ojos cerrados mientras ella le chupaba el miembro. Roxana giró sobre su cuerpo, abriendo las piernas para poner su erotismo frente a la cara del muchacho. Desde su abrigo, José miró a Martín enterrar el aspecto dentro las nalgas abiertas de su consorte para comerle el coño. Casi pudo imaginar el gustillo de la célebre matriz y recreó en su mente todos y cada uno de sus pliegues, mientras ella continuaba saboreando la gorda verga con afectado encanto.

Martín saltó entonces a su culo, apretado punto dentro sus posaderas redondas y abiertas. Roxana gimió sin control, mientras la lengua recorría su culo repetidas veces. Arqueó la espalda, disfrutando de aquella singular e íntima lisonja. José se masturbaba sin perderse ningún detalle. Metió entonces una de sus manos dentro sus propias piernas inclusive tocarse el culo, afelpado y tan cerrado como el de su mujer. Se acarició el sensible ojete, imaginando semejante vez que la lengua de Martín lo recorría tal a modo lo hacía con el de Roxana.

La par continuó en aquella posición por complejo minutos. Roxana cada vez mas excitada, y Martín y José la siguieron cada uno por su lado. Martín incorporándose para cogérsela, y José incorporándose para buscar en uno de los cajones un grueso y largo consolador propiedad de su mujer.

Roxana se acomodó en la piltra en cuatro patas, ofreciendo a ambos la dramático vista de su culo bien dispuesto. Martín enfiló con su gruesa verga en la mano y José enfiló el confortante debidamente lubricado hacia su propio ojal. Martín presionó suave pero firmemente ciervo el obstáculo del esfínter rosado de la mujer, y José presionó hasta sentir que la dureza del alentador vencía la resistencia de su apretado ano. Ambos entraron poco más o menos al unánime. Roxana suspiró de placer al sentir la verga de Martín resbalar adentro de su cuerpo. José acalló un desgarrador y ameno lloro al sentir a modo el consolador conquistaba sus entrañas.

Separados pero extrañamente unidos, Roxana y José se sintieron llenos inclusive el tope.

Martín comenzó a bombear lenta y despacio, mientras Roxana hundía el aspecto dentro las suaves almohadas alzando la anca para recibirle. Una de sus manos estaba a través de sus piernas y se acariciaba el clítoris para acrecentar el placer que la gruesa verga le proporcionaba. José seguía atento todos sus movimientos, con el alentador firmemente empotrado adentro su culo, distendido y abierto, dolorosamente traspasado y transfigurado en un espasmo de placer difícil de describir.

Los cuerpos dispuestos, las pieles sensibles, marido y mujer tomaron el placer de en que quiera que este proviniese. Martín aguantó lo mas que pudo el apretado y sensual abrazo del culo de Roxana, y desmadejado sobre su fina espalda se vino en fuertes sacudidas. Ella le acompañó en su orgasmo, acelerando los placenteros toqueteos de sus propios dedos y emergió sensual como una sirena de entre las sabanas arrugadas.

Ahora vuelvo – dijo ella quedamente, dejando a Martín gozando todavía de las delicias del espasmo.

En la habitación contigua, José la esperaba. Se había sacado el alentador con cierto pesar, pero sabia que ella vendría y anhelante la recibió con un estrujón.

Lo has disfrutado, zorra? – le preguntó nada más al verla entrar.

Ella lo besó como respuesta. Se acomodó de nuevo en cuatro patas ofreciéndole su culo. Allí, en medio de sus blancas ancas, escurría un hilillo de esperma. El se hincó gamuza su cola y comenzó a lamerlo, saboreando el liquido y masculino gustillo, y no cejó en su acalorado empeño inclusive dejarla limpia.

Ya me imaginaba yo que junto había poco raro – dijo de pronto Martín desnudo desde la salida.

Roxana y José lo miraron, los dos congelados y en la misma posición, a gatas y con las cachas al aire.

Sigue – dijo Martín – cómele el culo, déjaselo limpio, porque seguramente se lo dejé lleno de leche.

José constante lamiendo las asentaderas y el recto de Roxana.

Eso es – continuo Martín acercándose – sigue lamiendo, grandísimo cornudo. Por lo que veo te encanta que se cojan a la buscona de tu mujer – dijo en tono bromista.

José se sintió terriblemente agitado por sus palabras. Martín se acomodó adyacente a ellos en la hamaca. Su alrededor los excitó a el uno y el otro. El muchacho apoyó una de sus manos en la espalda de José, y de lejos descendió inclusive sus cachas, velludas y abiertas.

Me imagino que a ti igualmente te gustara que te den por el culo – dijo de pronto dirigiéndose a José.

José no contestó, y menos aún Roxana. Estaban entrambos tanto en brete, inmersos cada cual en sus propias fantasías. José, mas agitado que jamás se montó sobre Roxana. Tenia una erección de competición, y tomando a su mujer por la talle la penetró por el culo olvidándose de Martín, que de pronto descubrió el tranquilizador tirado en el piso.

Vamos a ver si te la comes o no, inconveniente – dijo Martín acercando el alentador al culo de José.

Se lo metió de un impulso, de la misma forma en que lo había hecho él con Roxana. José se sintió asaltar nuevamente por el grueso aparato. Su culo, sensible hoy en día por la cornada que le daba a Roxana explotó en un mar de placenteras sensaciones.

Martín duradero metiéndoselo y sacándoselo, mientras él hacia lo propio en el culo de Roxana. Entraron en una espiral de sensaciones ayudados por el propio Martín, que escaso dejar de meterle el alentador por el culo, se daba tiempo de apretar un pezón por más lejos, acariciar una nalga por acá, achuchar una boca, cualquiera de las dos de pronto, y decirles al mismo espacio lo cortesana que era una y lo cojonudamente cornudo que era el diferente.

Se vinieron entrambos en un exaltación apaisado y esforzado, tanto pocas veces primitivamente. Resoplando vencidos y extasiados cayeron desmadejados en la cama. La primera en reaccionar fue Roxana, que se dirigió al baño para darse una lluvia. José quedó tirado en la litera, no obstante recuperándose del inverosímil orgasmo, mientras Martín le miraba en silencio.

Te gustó, autenticidad? – le preguntó de pronto.

José asintió, aun con cierta vergüenza para admitirlo claramente. Se sentía extrañamente delicado por haber dejado que el amante de su mujer le metiera el alentador en el culo delante de ella.

Pues a mi me encantó – dijo Martín – no lo había legítimo y ahorita quiero más.

Se acercó a José y le dio la vuelta sobre el aguante, dejándolo boca debajo. El hermoso y masculino mecánico, con sus hermosas ancas hacia arriba y las piernas separadas eran un hermoso espectáculo.

Ya me cogí a tu mujer – le dijo acomodándose entre sus piernas – y hoy quiero cogerte a ti asimismo.

Con la gruesa verga en la mano, dura nuevamente, se dejó caer sobre el cuerpo de José, que sintió la caliente material del comerciante escudriñando de por medio sus asentaderas inclusive encontrar el hoyo de su culo metido unos zapatos dentro de él. Con empujones enérgicos y decididos lo penetró y José cerró los ojos para concentrarse en la embriagadora evocación de ser poseso por el amante de su mujer. La situación era novedosa para entrambos, y el descentrado Martín terminó regando su cuajada adentro de José en cuestión de minutos.

Para en el tiempo que Roxana salió del ablución, ahora los hombres fumaban un cigarro y comentaban el próximo partido de futbol.

Bueno – dijo ella con el filamento calado y el oloroso cuerpo oculto por una toalla – me alegro que se hayan hecho amigos, porque tengo grandes planes.

Iba de tienda en tienda esa porvenir, buscaba falto cesar ese par de zapatos rojos de raso, con talón de aguja, perfectos para combinarlos con aquel ajuar que me obsequió Mariano. Esa crepúsculo sería específico, así que lucir perfecta era mi misión.

Caminando por el calleja Estrambótico, encontré una zapatería que exhibía en su pequeña escaparate justo los zapatos que había estado buscando. La tienda aun pequeña, poseía una mercadería exquisita. Me quedé embrujada en la calle, viendo hacia adentro, cada detalle tanto en zapatos, carteras y accesorios, pero falto darme cuenta, que desde dentro había alguno que me observaba a mi de la misma forma a modo lo hacía yo con cada articulo de la vasar.

Repentinamente, la entrada de un hombre, me sacó de mi estado hipnótico. Era el amo de la tienda, que me invitaba a pasar, para ver mas de valla su mercancía:

– ¡Señorita! – dijo el hombre – Entre y vea con mas detalle lo que le guste, exento ningún compromiso de obtención…

Su dicción, me trajo de nuevo a la realidad, ya que me encontraba volando alto, imaginándome adyacente a Mariano, entrando al gran exposición de festejos del Hotel Imperial, lugar dónde íbamos a anunciar nuestro compromiso.

– Muchas gracias, si claro, de hecho quiero medirme esos zapatos rojos– le respondí al vendedor, señalándole los zapatos.

Una vez adentro, y luego de haberle dado mi talla, el hombre me pidió amablemente que tomara asiento mientras esperaba por él. Al contrario y bastante decidida a seguir escudriñando, pero hoy con mas detalle, comencé a ver entre las estanterías la cantidad de hermosos detalles de prendas elaboradas en piedras preciosas de la más fina, las deliciosas carteras de piel, y el resto de los calzados.

Una vez que el hombre regresó, me encontré con la mala noticia de que justo el fecha pasado había vendido el último par que tenía de mi talla.

– Pero si Usted desea, le podemos hacer un par a su medida – me dijo el hombre, que luego me aclaró que ellos mismos elaboraban cada pieza de las que allá se exhibían. – Venga y licencia a la dependencia y entonces le tomaré las medidas necesarias -.

Decidida a no dejar ir ese hermoso par de zapatos, pasé a la habitación contigua. Era una habitación excesivo bien iluminada, con una gran abertura de roble en la seto del fondo y una portezuela que conducía a un traspatio. Las paredes, impecablemente pintadas de blanco, lucían fotografías en blanco y negro. Había fotografías de todo arquetipo, grandes, pequeñas, de paisajes, de familias, animales, pero había una que llamó principalmente mi atención. La fotografía retrataba a una hermosa mujer, de piel mucho blanca, ojos claros, cabello rucio. La imagen era de cuerpo entero. Ella se encontraba desnuda, apoyada sobre un muro, miraba fijamente a la sala, su cabello largo tapaba sutilmente sus pequeños senos, en los que sobresalían unos hermosos pezones. Delgada, con una talle bien delineada, y con caderas anchas. Su pubis completamente rasurar. Tenía las piernas abiertas y su mano diestra se encontraba sobre su pernil siniestro, mientras que con su mano izquierda hacia la señal de llamada, tal pidiendo a su operador que se acercara de una vez a ella. Efectivamente la instantánea no era la mejor que haya visto, pero la mirada de aquella chica, la expresión de su aspecto, la forma en la que su cuerpo pedía que lo acariciaran, me hizo sentir una ligera entusiasmo.

Me sentí un disminuido turbada, al darme cuenta que el vendedor había estado observando cada movimiento hecho por mí. Lo miré en silencio y con un gesto de mi rostro le pregunté ¿qué esperábamos?. Él me señaló un cómodo escaño que se encontraba a mi izquierda y me pidió que tomara asiento.

Esa porvenir, me había vestido con una falda poda de color blanco, que dejaba ver mis muslos firmes, un top asaz fresco de color rosa, ahora que el calor que estaba haciendo ese verano era sofocante, llevaba unas sandalias de cuero trenzado, y un pequeño bolso color café, con las cosas necesarias.

Cuando me senté en el cómodo butaca, el vendedor acercó un banquito almohadillado y forrado con una suave tela y un pequeño baúl. Se sentó en el suelo, frente a mí, y me pidió que colocara mis pies descalzos sobre el banco, para él poder tomar las medidas necesarias.

Me sentí un tanto incómoda, ahora que mi equipo poco ayudaba a que levantara mis piernas y acomodara mis pies sobre el banquito. Junté mis rodillas y me acerqué lentamente a mis pies, mientras el comerciante miraba fijamente cada uno de mis movimientos. Cuando me agaché mi top se despegó suavemente de mi piel, y dejó entrever mis senos, pequeños, redondos, mi cabello caía suavemente formando una dosel que por minutos hacía impenetrable su mirada, o dejaba al descubierto mi disimulada desnudez.

Observando el aprieto en el que me encontraba, él me ofreció su contribución, y quitando mis manos de la chinela que estaba desabrochando, tomó mi pié y lo descalzó con suavidad. En ese segundo nuestros ojos se toparon de frente y fue en el momento que detallé en realidad el faz de aquel hombre, que me había efecto tan desdeñoso inclusive ese momento.

Sentí la alrededor de su aliento y mirándolo aún fijamente a sus ojos color café, me incorporé nuevamente y me recliné contra el respaldo del asiento. En ese momento, comencé a sentir a modo los tibios flujos de una inesperada agitación al ver esos hermosos zapatos de piel negra, recorrían mi interior. Mis pezones se endurecieron lentamente y se levantaron, para mostrarse escaso ninguna cautela sobresaliendo por los tejidos de mí top.

Sus manos comenzaron a acariciar mi pie despojado, mientras mis ojos lo seguían fijamente. En ese periquete sonó mi móvil, cosa que nos emoción a el uno y el otro y me hizo retirar de manera apresurada mi pie de a través de sus manos.

-¡Hola! – respondí la llamada. Su nombre aparecía en la pantalla. Mariano ARNAL. – Cariño, dónde estás?. Te estuve llamando esta porvenir temprano, para encontrarnos, pero no me atendías. – Hice un breve silencio mientras escuchaba su aclaración, a la vez que miraba los ojos de este hombre que aún esperaba frente a mí.

-¡Oh! Tal lo siento Mariano, pero dime ¿crees que podamos vernos para cenar?… Esta bien. Será inclusive porvenir entonces-.

Terminé la llamada, y no sé por qué, apagué el móvil y lo dejé caer en el fondo de mi bolso nuevamente.

– Disculpe la corte, ¿podemos seguir?

Él asintió con la cabeza, desprovisto pronunciar una sola palabra. Me apresuré a colocar mi pie descalzo sobre el banquillo y le acerqué el tercero, desprovisto retirar mis ojos de sus ojos. Él lo tomó delicadamente, retiró la alpargata y con sus manos lo masajeó suavemente, a lo que mi cuerpo siguió reaccionando.

Llevó mi pié inclusive el banquillo y comenzó a medir. En mi mente comenzaron a aparecer imágenes, la foto de la rubia desnuda, la habitación, el patio trasero que hoy en día había comenzado a llamar mas mi atención, puesto que desde adonde estaba sentada, podía ver a oblicuidad de la perforación de la salida un banco de oasis, de acero forjado, con detalles en viga, un hermoso rosal y algo que parecía una fuente.

-Listo Muchacha – me dijo el tendero. Y tomado de nuevo mi pie, comenzó a calzarlo, a lo que reaccioné con un movimiento. Me levanté del cómodo poltrona y caminé hacia el patio. Él me siguió con la mirada. Abrí por completo la pesada entrada de viga, lo que terminó de iluminar la habitación. Me detuve frente al banco del edén, cerré los ojos y respiré profundamente. No lo había notado, pero él me había seguido, se detuvo posterior de mí y cuando menos lo pensé me abrazó por tras y con sus fuertes brazos cubrió mi pecho. No me inquieté. Lo deseaba tanto como él. Sus manos comenzaron a seguir mis formas sus corazón encontraron mis pezones, endurecidos. Delataban mi deseo.

Besó suavemente mi cabello, mientras acercaba mas aunque su cuerpo al mío. Sentí su pecho bordeando por completo la línea de mi espalda y un bulto comenzaba a crecer sobre mis asentaderas, a lo que respondí con un suave meneo de mis caderas. Me giró suavemente, hasta ponerme frente a el. Nuestros ojos se encontraron nuevamente, nuestros labios se deseaban. Me cargó en brazos y atravesamos el patio, hasta llegar a una primicia cancela, que se encontraba abierta y conducía a una habitación oscura.

Una vez interior, me llevó inclusive un cómodo diván, se alejó de mí, cerró la cancela, encendió una lámpara que emanaba una luz ligero, se acercó a una vieja chiffonier de adonde sacó un yesquero y se dispuso a encender las velas que adornaban la pequeña estancia.

Se acercó a mí, besó suavemente mis labios y se alejó nuevamente, saliendo de la habitación, a lo que supuse iba a cerrar la tienda.

A los minutos regresó, traía en las manos un bolso, que depositó sobre la cómoda, se quitó la blusón, dejando al descubierto su bien formado pecho y se acercó a mí. Exento pronunciar una sola palabra comenzó a desgastar suavemente mis pezones aunque cubiertos por mi ropaje y con sus manos acarició mis muslos, mientras subía mi falda.

Se detuvo y nuevamente se acercó a la comodín, de en que sacó un par de ligaduras. Sentí un corto de temor, pero sus ojos me hacían confiar. Me quitó el top, terminó de alzar mi falda hasta mis caderas, suavemente tomó mis manos, llevó a mis brazos hacia atrás, colocando en mi pepona derecha las cadenas y pasando la cadena de esta posterior de una manilla que sobresalía de la pared, para luego asegurar mi otra mano. Simplemente cerré mis ojos y me dejé llevar.
De inmediato desperté de mi sueño profundo. Aún me hallaba en el patio, acoplado a la banca, de dónde no me había movido. No habían transcurrido mas de diez minutos desde que me había parado allende. Me sentía aturdida. Estaba despertando de un sueño, que me había parecido tan real.

-¡Señorita!, ¿está Usted bien?, ¿puedo ayudarla en algo? -.

Voltee pausadamente y miré sus ojos. Mientras lo miraba aún intentaba despertar de mi ensueño. Me sentí mareada, y saqué una artículo fino desde mis adentros:

– Si gracias, me encuentro bien. Dígame, ¿cuándo puedo venir a retirar mis zapatos?.

– ¿Le parece bien si me deja su número y le llamo cuando los tenga listos?

– De contrato, pero recuerde, los necesito en dos semanas.

Pasamos nuevamente a la trastienda y después de haberme colocado nuevamente mis sandalias, busqué adentro de mi bolso un porta tarjetas, de dónde saqué una membrete con mis realidades y se la entregué a este hombre que extrañamente me había transportado a un sueño inacabado.

– Por cierto, ¿cuánto le debo? – pregunté, hoy que inclusive ese momento no me había molestado ni ni en averiguar el precio de los zapatos.

– No se preocupe por el precio señorita, no es imprescindible que me dejo ningún abono por el trabajo. Hablamos de ello el fecha que los venga a recoger.

Lo único que atiné a decirle fue Gracias. Regresamos a la tienda, dónde había un carcamal atendiendo a otra parroquiano. Miré nuevamente los ojos del comerciante, sentí a modo brotaban los fluidos de por medio mis piernas, mientras el seguía constante.

– ¿Cómo es su nombre? – le pregunté.

– Vicente, y el suyo?

– Marina.

Nos dimos la mano, y sentimos el calor de nuestras pieles, nos vimos a los ojos fijamente, nos soltamos y me fui.

Caminé varias calles primeramente de llegar al estacionamiento en que solitaria parqueado mi vagón. No podía dejar de pensar en esa especie de ilusión que viví con tanta claridad.

Pasaron 4 días y hoy comenzaba a impacientarme. Tanto trajín me había anquilosado seguir recordando aquél episodio. Faltaba un disminuido mas de una semana para la fiesta y solo me faltaba perfeccionar el vestuario con ese hermoso par de Zapatos Rojos.

Esa tarde, empalizada de las trío, dejé mi agencia y me fui hacia el pasadizo Barroco. La tienda parecía sola, desde exterior no podía distinguir la presencia de Vicente o del caduco que había visto primitivamente de irme aquel data. Toqué la cancela y ninguna persona apareció, por lo que decidí pasar y esperar adentro. Cuando abrí la salida, sonó la campana de aviso, y al cabo de esperar cinco minutos apareció de la astucia Vicente.

– ¿Cómo está Doncella? –

– Asaz bien, muchas gracias – le contesté – ¿Cómo está Usted?.

– Estaba por llamarla en este periquete, acabamos de terminar sus zapatos, pero aún no se los puede llevar ya que la cola de la tapa aún esta húmeda –

-¿Puedo verlos?

– ¡Claro que si!, pase a la astucia por atención.

Me cedió el paso, y me indicó el camino ahora conocido por mi hacia esa habitación que me traía de nuevo a la mente aquél sueño en que había caído inexplicablemente.

Durante estos días había pensado mucho en las grilletes que había sentido en mis muñecas y en lo que ellas podían alojarse simbolizando, puesto que jamás había pasado por mi mente dejarme esposar por alguien y menos para hacer el apego. Me estaba dando cuenta que en mi consciente, la idea de habitar atada o esposada me resultada agradable, puesto que atrás de ello había una obvia efecto de ser domada.

Ni Mariano, que es el hombre con quien había compartido el mayor número de nuevas experiencias en la yacija, me había perfecto dominar aún. No es que yo sea así una chica rebelde, pero por último ese juego de quien pude mas que quien en la catre, a el no le gustaba mucho, y invariablemente me seguía el juego dejándome ganar el dominio, carente haber una combate real, cuerpo a cuerpo.

No me puedo quejar, Mariano es un amante excelente, que ha conocido darme las caricias mas fogosas y su lengua se ha convertido en la mejor arma para acariciar mi clítoris y mis labios vaginales. Mis orgasmos han sido fuertes, múltiples. Eso falto mencionar que sentir su verga en mi culo, penetrándome, haciéndome vibrar, mientras introduce un vibrador en mi vagina me ha hecho sentir el sexualidad a modo una experiencia única. Pero vaya, sueno igual vez egoísta en decirlo, nunca me ha amansado esos zapatos de tacón.

Me encontraba de nuevo en esa habitación, igual de blanca y albúmina que el distinto jornada, esperaba sentada de nuevo en el mismo escaño, esta vez mas cómoda, me sentía mas a gusto que la primera vez. En esta ocasión pude andar mas detalladamente con mi mirada cada rinconera, ver cada foto.

Había poco nuevo en ese cuarto, que llamaba mi atención esos enormes zapatos porno, sobre la mesa habían dejado una correas de odre, en color negro y con púas. Se parecían mucho a las que usaban los practicantes del sadomasoquismo y los juegos de dominación. Mi curiosidad estaba encendida, al tope.

Me levanté del butaca y me acerqué hasta la mesa y tomé cuidadosamente una de las correas. Parecía ser una muñequera, sus púas eran afiladas y si bien las puntas eran romas, se notaba que podían engendrar dolor. Mi curiosidad fue creciendo. ¿Qué hacían estas piezas aquí?. Seguramente –especulaba- se trataba de algún cometido de un comprador y estaban esperando a que las viniera a retirar.

Decidí probarme una y la coloque en mi muñeca diestra, dejando las púas hacia exteriormente. Me coloqué la otra en la muñeca siniestra y miré detenidamente tanto lucían en contraste con mi piel blanca. Había sobre la mesa, igualmente, lo que parecía ser una correa de chucho, lo que me hizo suponer que esa iba colocada en el cuello. Quería saber que se sentía tener una correa así asida a mi cogote, por lo que aun me la puse.

No lo había notado, pero Vicente estaba en la habitación. En el tiempo que noté su presencia me sobresalté y comencé a temblar. Me sentía a modo una chiquilla que había estado jugando con los juguetes prohibidos de papá.

– No imaginaba que le gustaran tanto como para ponérselas – me dijo Vicente.

Sólo lo vi y con palabras entrecortadas le pedí disculpas por haberme puesto aquello desprovisto haberle petición autorización.

– No se preocupe. ¿Le gustan?

– Si. La creencia de llevarlas puestas es… – no pude consumar la expresión. Simplemente mi boca se quedó sin palabras.

Vicente me seguía mirando, esta vez en sus ojos se notaba un brillo diferente, esta vez no era un sueño, era real.

Comencé a retirarme aquellas correas de mis muñecas, y Vicente se me acercó. Pensé que me iba a ayudar a retirarlas para colocarlas de nuevo en el sitio de dónde las había empañado. Al contrario, las ajustó mas, frente a mi mirada curiosa, poco más o menos de pánico.

Sentí como de nuevo mis pezones comenzaron a luchar contra las fibras de los zapatos que componían mi brassier. Estaban turgentes, mis senos delataban mi excitación y desprovisto lugar a dudas era la alarma de la que se inteligencia Mariano para comenzar a hurgar con sus manos mas allí de la camisola y desabotonar cualquiera pantalón o levantar cualquier falda, solo para sentir con sus dedos tal mis jugos fluían de a través de mis labios vaginales para convertirse mas luego, en los jugos que calmaban la sed de ese hombre que tanto me amaba.

– ¡Vicente!. ¿Qué haces?.

– Te hago mía. Tu misma, pequeña zorra, te colocaste los símbolos de sumisión. Hoy en día eres mi pulsera y yo tu jefe.

De inmediato mi cuerpo comenzó a sentir tal esas palabras se convertían en el aderezo amatorio que me llevaban a la mayor excitación que había sentido en algún espacio.

Vicente sacó de la naveta de la chiffonier tres cadenas. Eran delgadas, livianas y parecían de plata. Una la usó para unir mis manos, la otra la uso para unir mi cogote a la cadena que juntaba mis manos y la tercera la colocó aun en el cogote y la usó para indicarme que de ahora en avante sería su perra.

-Vicente, suéltame, por beneficio.

El no pronunció una sola palabra, simplemente haló la cadena y me hizo seguirlo a inclinación de la salida que conducía al cenador y de en aquel lugar caminamos inclusive el fondo del mismo y entramos a la casa que estaba edificada allende.

– Quítate la indumentaria y déjala en aquel aparador, no dejes nadie sobre tu piel – me dijo con artículo excesivo seca.

Simplemente obedecí. Quedé plenamente desnuda, ciervo sus ojos. Estaba mucho excitada como para detenerme.

Me gustan los zapatos de taco alto, desde invariablemente me gustaron y formaron parte importante de mis mayores fantasías. Es que grano que disminuido supera el poder de captación de una mujer que sabe lucir sus bien contorneadas piernas y, en específico, si calza zapatos de talón alto…es aproximadamente un fetichismo… casi?… no, incluso es más que eso… es tal hoy colgante, parte importante de mi mayor alucinación, porque grano que la mujer es mucho más genital y disfruta mucho más en el genitales que el hombre… y desde perpetuamente quise sentir eso… el poder sentirme asaz femenina… mujer… me entienden? en fin, qué le voy a hacer, así soy yo! Y volviendo al tema central, les diré que me gustan aquellos zapatos que los gringos adecuadamente llaman “fuck me pumps”, de corte clásico, delicados en sus formas, con los talones y costados bien curvos, la punta terminada en triángulo cerrado y el empeine degradado tal para mostrar el arranque de la unión de los dedos… zapatos clásicos, a modo aquellos que usaba regularmente Sofía Loren o Victoria Paris, jajaja, me siguen?

En fin, tanto mi pie es pellizco más grande que los típicos pies femeninos, no podía comprar aquellos que se pueden encontrar en el comercio habitual y no me quedó otra opción que mandar a hacerlos en forma individual, a mano. Me dirigí a un grupo de mi ciudad en que se agrupan muchos artesanos del calzado y recorriendo las vidrieras me topé con un bolichito pequeño que exhibía únicamente el carácter y modelo de zapatos con los que yo había soñado por años. Entré poco nervioso al pequeño y estrecho local de ventas, que se encontraba en semipenumbras y cuyas paredes se encontraban abarrotadas de zapatos, dejando carente espacio para un mesón de atención tras del cual había un solo dependiente, vestido con chorrera y atuendos que me indicaban palmariamente que él era asimismo el menestral mismo. Con mucho nerviosismo, a modo tragando saliva, le pedí hacer un par de zapatos tal aquellos que estaban en la aparador (indicándole con el dedo el modelo) y que lo quería en odre negro brillante y de dimensión 43! El remendón me miró dilatadamente a los ojos carente decir nulidad y luego, esgrimiendo una sonrisa pellizco sórdida (eso me pareció en ese momento), respondió que él estaría encantado de hacerlos, pero que para poder hacerlos bien debía tener la plantilla del pie de la aristócrata que iba a usarlo! Diablos, no había pensado en ello! Me quedé unos segundos pensando en silencio cómo salir del paso, en el tiempo que él me interrumpió con la siguiente pregunta: -“Disculpe mi atrevimiento, no lo tome a mal, pero como no sería la primera vez que me piden zapatos de ese magnitud, me preguntaba si acaso no serían, y disculpe nuevamente… no serán por albur para Usted mismo?”

El corazón me dio un salto y quise salir corriendo de cerca, más me contuve al sentir su mirada serena y calmada, a modo si todo externamente de lo más corriente para él… mierda, cómo lo supo?… qué hago?… y qué diablos, al fin y al cabo este carácter no me conoce, quizá no lo vea nunca más en la vida y en cambio, los zapatos que por tanto años anhelaba poder vestir estaban entonces mismo, a una simple palabra o aclaración de distancia.. … ok, avante, hagámoslo… y desviando el zapato la mirada hacia exteriormente del local tal para no dar la cara, tragándome una vergüenza que había ocultado en forma culposa poco más o menos toda mi vida, con la entrada entrecortada y asaz baja, respondí que evidentemente, que eran para mí! Mmm…, me lo imaginaba- me dijo exento quitarme esa mirada fija y calmadamente, tal si acá no hubiera pasado carencia, tanto si la primera vez en toda mi vida que confieso a algún que me gusta vestirme de mujer no tuviera ninguna importancia… Bueno, siguió, entonces sáquese el zueco del pie derecho y ponga su pie sobre esta plantilla. Se arrodilló en el suelo, tomó mi pie descalzo y lo apoyó sobre una plataforma hipérbole con el contorno de un calzado de alza, dibujó el contorno de mi pie sobre una placa, tomó otras medidas del empeine y de otras partes del pie y luego de anotarlo todo en su libreta, se irguió, fue detrás del soporte y pasándome una papeleta del local me dijo que estarían listos más o menos en una hebdómada más, que llamara primeramente eso efectivamente para encontrarse seguros… y ah, que a él le interesaba mucho que el asiduo quede definitivamente satisfecho con el servicio por lo que me sugería, basado en anteriores experiencias con clientes semejantes, ver y probar los zapatos en la forma en que luego serían usados, por ejemplo, que si pensaba usarlos con medias debía traerlas, para así ver bien detalles finales tanto el cuna o el tono de color, o que si quería ver cómo me quedaban puestos o se veían al trasladarse también sería útil traer alguna falda o ajuar, esas cosas…que sólo de esa manera saldría de allá con un producto a entera satisfacción mía… uf, de confirmación no podía creer lo que me decía, si sólo eran zapatos pensaba yo, pero quien sabe, tal vez podía tener razón… en fin, luego de cancelar el 50% del cuantía por aventajado, y de discutir cierto detalles estéticos de los zapatos mismos, salí de allí aprisa y desprovisto mirar atrás, tanto escapando de la vergüenza de haber sido descubierto en mi gran secreto… pero al mismo años contento por el hecho de que , al fin, al fin, iba a poder calzar y lucir unos bonitos y sensuales zapatos de taco alto… zapatos de mujer!

muchos zapatos son de piel

Pasó una semana entera, durante la cual disfruté comprándome medias con alianza y algo de lencería ad hoc a mis nuevos zapatos. El jueves llamé por teléfono con lo que confirmé la cita para el viernes por la tarde; eso evidentemente, agregó, dada la naturaleza de mis pruebas sería mejor hacerlo a local cerrado, por lo que sugería llegar a eso de las 18hrs. Estuve de acuerdo con ese detalle e inclusive le agradecí su discreción. Llegó el día, mi corazón ya explotaba de emoción, lo único que siempre me había faltado para vestir como la mujer que siempre había querido ser estaba a punto, a minutos de hacerse realidad, ustedes me entienden no?…

Los días viernes toda la notaría sale más temprano que de moda, por lo que aproveché para quedarme solo(a) y encerrarme en el balneario para quitarme la ropa interior de hombre y ponerme unas sexies pantaletas de encaje negro que me quedaban regio anexo a unas medias negras, todo ello para ejecutar las pruebas de los zapatos tal me lo había sugerido el maestro zapatero, igualmente de que, para qué negarlo, me encantaba ataviar así, indiscutible no? Me puse encima los zaragüelles habituales, me subí al auto y me sonrojé de placer al sentir, inclusive bajo la tela de los zaragüelles, el roce del nylon de mis medias, ese roce, ese bullicio, esa emoción eternamente me produjeron un abundante placer, un placer que formaba parte de la maravilla sensual y sexual que son las piernas de una mujer…
Llegué al local nerviosa y excitada de alteración, dejé en el suelo el bolso en el que traía algunas cosas adicionales y luego de inclinarse al menestral, le exigí cual colegiala hiperventilada poder ver mis nuevos zapatos. El se limitó a reír diciendo que comprendía perfectamente mi afán, por lo que cerraría el local para asegurar mayor circunspección. Una vez hoy solos, sacó de una costal el más hermoso par de zapatos de tacos altos que en absoluto había visto, y eran míos… se imaginan? Y acá me quedé admirando las sensuales formas de sus contornos, los que acentuarían las curvas de mis pies y piernas, revestidos en un brillante corambre negro… eran los zapatos que mi entrañas de fémina eternamente deseó tener y lucir… Al cabo de unos instantes, el artífice me distrajo de mis ensoñaciones invitándome a probarlos, con toda confianza, por lo que me quité los zapatones de hombre para introducir mis pies actualmente enfundados en nylon en esas esculturas… dieron un cuna correcto, lo que se esperaría de un producto hecho a medida, por lo que me quedé extasiada mirándome los pies… Entonces el maestro me sugirió anélido en un buen espejo, por lo que pasó a la trastienda a buscar uno, pero tal el espacio era proporcionado apretado no hubo forma de evitar que en su jugarreta por tras de mí tuviéramos que restregar nuestros cuerpos, tal vez más de la cuenta, y en un cambio de pisada incluso quedó pegado con su pelvis a mis formas traseras por pellizco más de un posterior incluso, lo que desposado a la posición en que yo me encontraba, con las piernas estiradas sobre mis tacones, me produjeron una ligera , cómo diríamos?, una ligera comezón… Al mismo tiempo, desde la astucia el maestro sugirió que, actualmente que traía puestas las medias, tal vez me gustaría ver cómo se me veían las piernas completas con los nuevos zapatos, y que si quería, con toda confianza, podía quitarme esos zaragüelles, me decía todo ello mientras arrastraba un enorme espejo de cuerpo completo y lo dejaba apoyado contra la pared… no lo pensé dos veces, me quité los greguescos y me quedé sólo con mis medias, mis pantaletas y la funda blanca de notaría a modo de vestido mini… y con mis zapatos por supuesto… a esas alturas ya nada más me importaba pues todo lo que veía en el espejo era la forma que siempre había apreciado ver, y estaba tal extasiada mirando las curvas de mis muslos, de mis pantorrillas, del empeine, me agachaba girando y doblando las piernas juntas tanto en un bailoteo sensual, estiraba una zanca sensualmente hacia el lado con el pie volteado, en fin, estaba admirándome y sintiéndome de lo más femenina y atractivo, en el momento que el maestro decidió volver a pasar por detrás de mí, sólo que esta vez no se demoró uno o dos segundos en pasar por atrás sino que se quedó insolentemente aglutinado a mi trasero… y haciéndome sentir además su actualmente manifiesta hombría a torcimiento de las telas… no puedo describirles lo que sentí en ese momento… ahí estaba yo, sintiéndome demasiado femenina enfundada en medias y tacos altos, mientras un hombre me apuntalaba su duro miembro justo aquí adonde más sensibles somos… “Uuyy, nos quedamos pegados” – me susurró al atención en un tono medio mordaz, -“quizás si te mueves un escaso podríamos salir de esto”… pero a esas alturas de las cosas mi comprensión de fémina caliente ya dominaba mi ser por completo, inclusive mi voluntad, por lo que decidí con gusto zapatos seguir el jueguito, moviéndome tal él me había pedido, pero no hacia el lado para salir del detención sino todo lo contrario, restregando mi trasero contra su protuberancia, a modo buscando el mejor y más deleitoso acuerdo de ese objeto de deseo contra mi rajita… “Ufff….” le dije coquetamente volteando mi cara hacia atrás: -“es que hay una colosal tranca acá debajo que no me deja pasar… parece que nos quedamos pegados…” “y que semejante si sacamos esa borrachera? Te gustaría?” me respondió mientras rodeaba con su brazo siniestro mi talle apretándome aún más contra él al edad que, exento esperar una respuesta de mi parte, sentía cómo se abría el cinturón y se bajaba los bragas para luego tomar mi mano derecha y dirigirla hacia la tan mentada curda, una verga calientita y dura, que quemaba la piel de mis manos y mis sentidos, verga que acaricié con gusto mientras la sobaba, la apretaba, la masturbaba, la deseaba… y la deseaba tanto que quise agacharme para besarla, más sólo alcancé a hacer el mueca de inclinarme luego él me tenía asaz tomada con su fuerte brazo y no me permitía más movimientos… “tranquila mijita, adónde va” me ordenó en forma perentoria-“no se me ponga chúcara puéh, que me la voy a culear aquí mismo, así paradita” mientras volvía a colocar su cosa en mi mano mientras me manoseaba e intentaba rudamente bajarme los calzas, lo que por último consiguió a punta de tirones, dejando mi culito desnudo y a entera disposición de su pichula parada, la que encajó con desmesurado gusto de mi parte justo cerca a la entrada, que lo recibía con placer moviéndose sensualmente en pequeños círculos y haciendo el actitud de empujarle tanto para que entrara en el cual entrambos queríamos tenerla… Sentí cómo me hurgaba el ano con sus dedos, humedeciéndolo con saliva, sentí luego cómo colocaba su verga a la entrada, cómo presionaba para metérmelo mientras yo me abría las nalgas para ayudarle, y cómo, en un postrero empujón más fuerte que los demás, como en un plop, se me abrió la cuevita y su cabezón ya estaba adentro… casi no sentí dolor, al contrario, la sensación de sentir esa cosa dura y calientita desflorando mis encantos, de sentir que me estaban metiendo el pico, me hacía entregarme más y más, me restregaba contra él mientras me la forzaba más adentro, -“te gusta?

que maravilloso momento, que maravilloso es ser o sentirse mujer para entregarse a un hombre caliente, para ser poseída… y en eso, mi macho aceleró sus embestidas, tanto que tuve que afirmarme en el espejo para no caer hacia delante, y adjunto a un último envión, el más profundo y duro de todos, sentí cómo me regalaba en mi interior con la esencia misma de su hombría, su simiente… Y allá nos quedamos un momento, falto movernos al ritmo del baile y los zapatos molestan esta claro, pero…, tratando de librar el aliento, su pichula aún dentro mío, nuestros labios buscándose con ansias… “que rica cacha guachita… te gustó? no era eso acaso lo que en el fondo querías ah? no era para eso que te gusta vestirte con los zapatos de mina? pa’ que te planten unas buenas cachas no?” me dijo casi despectivamente luego saliendo ya de mi, y yo, aún flotando en el firmamento, sólo respondía sumisamente que sí, que me gustaba sentirme mujer y que me fascinaba existir allí sintiéndome mujer entera, total qué importaba? si en el fondo era la mayor aseveración que había dicho en mucho ciclo, ajajá.

Luego de eso, actualmente más calmadas las pasiones, nos vestimos prontamente cada uno por su lado… más yo no quise quitarme mis zapatos de alza alto, aquellos con los que me habían hecho tan mujer… simplemente salí de allá con ellos puestos…

En medio de a la primera tienda embriagada por la atención de determinado caballeros mientras mi trayecto, la tienda a la que a través de es pequeña pero discreta de esas que no entran más de un usuario a la vez y los precios son bastante costosos, en el tiempo que de por medio una vendedora salió de la parte trasera ella llevaba indumentaria de cortador negra y peinada con una cola hacia atrás parecía aeromoza, era guapa de piel blanca, ojos oscuros, cabello negro, y aspecto bien delicado , pellizco más inscripción que yo y asaz delgada, su nombre era Carol, lo leí en una placa en su pecho.

¿En qué puedo ayudarla? – pregunto

Quiero saber el gasto de aquellos zapatos – mientras miraba en las repisas un par hermoso

Un momento por beneficio iré a traer dispar números para que se pruebe – se fue a la parte zaga de la tienda.

Regreso con dos pares yo me encontraba sentada en un sillón, ya me había quitado las converse y esperaba para probarme las sandalias mi dedos tenían un pedicura hermoso de flores, ella se puso de rodillas y empezó con varios disquisición que me intimidaron.

Señorita que lindos pies tiene , seguro es de esta talla creo que lo supe en todo lo que los vi, me sonroje era claro que nos habíamos coqueteado con miradas desde que nos vimos, puso la sandalia excesivo delicadamente en mi pie falto evitar acariciarlo despacio con sus manos, mi pie había sudado un carente luego de haber caminado tanto con zapatillas por el centro mercantil, no pude evitar soltar un lamento después de ese primer contacto.

¿Cómo te llamas? – me pregunto

Reina , me llamo Majestad – conteste temblorosa mientras la miraba a sus bellos ojos.

Entonces majestad le gusta las sandalias – mientras me preguntaba eso levanta mi distinto pie y acercaba sus labios para darle un beso encima de los corazón, los cual me hizo suspirar aún más fuerte por poco quejarse de placer.

Prácticamente posteriormente de esa curiosidad nos aproximamos para darnos un besuqueo excesivo bañado , muy de chicas en que nuestras lenguas chocaron escaso darse tregua haciendo un trapicheo de baba intenso y ameno que no duro zapatos mucho, ella me empujo y tomo mi pie siniestro para meterse todos mis extremo a la boca y jugar con ellos , aun pasar su lengua por la planta de mi pies, afianzar mis suspiros eran gemidos intensos me daba mucho miedo otra persona de por medio a la zapatería , afortunadamente estábamos de espalda a la avenida y no podía ver más que nuestras cabezas

Después de satisfacer su amuleto con mis pies, metiéndose manos bajo mi falda y me saco a la mala mi tanga negra, me abrió las piernas, y empezó a darme el mejor sexo verbal de mi vida puse una de mis piernas sobre su espalda y me relaje ,su lengua destroza mi clítoris y uno de sus gordo me penetrada con bondad, mientras yo le decía sigue Carol sigue por favor, podía sentir mi pie frio por habitar mojado y en contacto con el aire adecuado, ese gordo adentro de mi matriz se convirtieron en 3 y luego en casi toda sus mano , mis gemidos eran duros pero ahogados para no hacer mucho escándalo, ya estaba mojando el mecedora de piel, inclusive que solté un chillido poco mudo en su atención , esta mujer había conseguido que me corra con todo, nos dimos un pico, ella se interrupción fue a la parte de atrás , seguro que lavarse yo impulso unos tapiz de mi maletín limpie el desastre, tirada mi ficha de crédito , en el tiempo que ella salió le di mi etiqueta , con mi tanga hecha un complicación y un papel arrugado con mi número de teléfono y un corazón, no dijimos nadie solo sonreímos , regrese a mi casa con unas sandalias hermosas y un rico espasmo aunque algunos de las escenas y peliculas porno siempre hay algun zapato interesante.

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